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El branding moderno tiene un problema de ego

Existe una razón por la que algunas marcas son fáciles de entender y otras parecen explicar mucho sin decir nada. Normalmente no tiene que ver con falta de información, sino con demasiada información compitiendo al mismo tiempo.

Hace algún tiempo, durante una sesión estratégica en Serie7, trabajamos con una empresa que estaba preparando un posicionamiento completo de marca. Habían crecido durante los últimos años, habían fortalecido su operación y sentían que había llegado el momento de actualizar la forma en que se presentaban al mercado. Como parte del proceso, nos compartieron una serie de referencias de marcas que admiraban y que consideraban ejemplos de comunicación exitosa dentro de su industria.

 

Lo interesante ocurrió cuando comenzamos a revisar esas referencias una por una.

A primera vista, todas parecían sólidas. Tenían diseños modernos, mensajes bien construidos y una presencia digital que transmitía profesionalismo. Sin embargo, después de analizar varias de ellas apareció un patrón que resultó imposible ignorar. Aunque pertenecían a industrias diferentes, prácticamente todas estaban teniendo la misma conversación.

Todas hablaban de sí mismas.

 

Hablaban de su innovación, de su visión, de su metodología, de su liderazgo, de su cultura, de su crecimiento y de su capacidad para transformar industrias. Algunas utilizaban palabras distintas, pero el mensaje de fondo era exactamente el mismo: “Mira lo importante que somos.”

Y ahí apareció una pregunta interesante.

Si todas las empresas están intentando demostrar que son extraordinarias, ¿qué ocurre cuando nadie está hablando de lo que realmente le importa al cliente?

 

Esa pregunta nos llevó a una conclusión que vemos constantemente en Serie7. Una parte importante del branding moderno ha comenzado a confundirse con autopromoción corporativa. Muchas marcas ya no están construyendo comunicación para ayudar al mercado a entenderlas mejor. Están construyendo comunicación para reforzar la imagen que tienen de sí mismas.

La diferencia parece sutil, pero cambia completamente el resultado.

 

Cuando una marca se construye desde la comprensión del cliente, la conversación gira alrededor de problemas, necesidades, oportunidades y transformaciones. Cuando una marca se construye desde el ego, la conversación gira alrededor de la propia empresa. Lo que hace. Lo que logró. Lo que construyó. Lo que piensa sobre sí misma.

El problema es que el mercado rara vez está tan interesado en una empresa como la empresa cree.

Los clientes están ocupados intentando resolver sus propios problemas. Están intentando crecer, vender más, reducir riesgos, encontrar mejores proveedores o tomar decisiones más inteligentes. En ese contexto, una marca que dedica la mayor parte de su comunicación a hablar de sí misma termina desconectándose de la conversación que realmente importa.

Y eso explica algo que vemos constantemente.

Empresas con excelentes capacidades terminan construyendo marcas olvidables.

No porque tengan malos productos.

No porque tengan malos equipos.

Porque están participando en una conversación que nadie pidió.

Mientras revisamos aquellas referencias durante la sesión estratégica, ocurrió algo curioso. Después de varios ejemplos, los mensajes comenzaron a sentirse intercambiables. Las palabras cambiaban, los colores cambiaban y los diseños cambiaban, pero la sensación era la misma. Todas las empresas parecían competir por el mismo espacio emocional: demostrar que eran innovadoras, líderes y transformadoras.

Después de un tiempo, ninguna destacaba realmente.

Porque cuando todos intentan parecer importantes utilizando el mismo lenguaje, la importancia deja de ser una ventaja competitiva.

Ese es uno de los efectos más peligrosos del ego en branding.

  • No solamente aleja a las marcas de sus clientes.
  • También las acerca peligrosamente a sus competidores.
  • Comienzan a utilizar las mismas palabras.
  • Las mismas promesas.
  • Las mismas estructuras.
  • Las mismas narrativas.

Y poco a poco la diferenciación desaparece.

Lo irónico es que las marcas más fuertes rara vez construyen autoridad de esa manera. Cuando analizamos empresas que realmente dominan categorías, normalmente encontramos algo diferente. Existe una comprensión mucho más profunda de la audiencia. Existe más curiosidad por entender el mercado que por impresionar al mercado. Existe más interés en resolver problemas que en construir admiración.

Y esa diferencia cambia completamente la comunicación.

La autoridad deja de construirse a través de declaraciones.

Empieza a construirse a través de relevancia.

En Serie7 creemos que una de las preguntas más importantes que una marca puede hacerse es extremadamente simple: ¿estamos hablando de nosotros porque es importante para el cliente o porque es importante para nosotros?

La respuesta suele revelar más problemas de posicionamiento de los que muchas empresas imaginan.

Porque las marcas que terminan liderando mercados no suelen ser las que más hablan sobre sí mismas. Son las que entienden mejor qué conversación necesita escuchar el cliente.

Y en un entorno donde todas las empresas intentan proyectar importancia, esa capacidad de enfocarse en el otro lado de la conversación se convierte en una ventaja extraordinariamente difícil de copiar.

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